Entrevista a la Carlota Sanz, tutora de P2

Carlota Sanz conoce bien el proceso de adaptación de los alumnos de la ‘Llar d’Infants’ porque lleva varios de experiencia en nuestra escuela, donde ha sido tutora de P1 y P2. Explica que este proceso es el primer cambio importante en la vida de los más pequeños y ello les genera distintas emociones que, reforzando el vínculo con las educadoras, pronto se superan y al cabo de un mes la escuela ya está integrada de forma positiva y alegre. 

¿Qué es lo más importante en este proceso de adaptación? 

Lo primero es establecer un vínculo de seguridad y confianza entre las educadoras y los niños. A esto es a lo que nos dedicamos, de forma íntegra, a principio de curso. Antes de entrar en materia curricular, damos tiempo y espacio para crear y reforzar este vínculo que, además de aportar seguridad y confianza a los pequeños, permitirá que el resto del curso fluya con armonía. 

¿Y cómo generáis este vínculo para que sea fuerte y positivo? 

Se trata de que los alumnos se sientan como en casa y de satisfacer sus necesidades más básicas como la alimentación, el afecto, la libertad de movimiento, la higiene… En este primer periodo las educadoras pasamos mucho rato con ellos en el suelo, para estar a su mismo nivel y consolidar esta base segura. Jugamos con ellos, les ofrecemos nuestros brazos, gestos de cariño, de comprensión… Una vez este vínculo es sólido, empezamos a introducir ya las rutinas. 

¿Rutinas como patrones que también les aportan seguridad?

Sí, durante todo el curso pero sobre todo este primer trimestre, trabajamos rutinas -como el “bon dia” al entrar en clase o explicarles qué haremos ese día- que les dan sensación de control. Repetir rutinas a lo largo de la jornada y cada día, les da mucha seguridad y confianza porque les permite ubicarse y anticipar lo que viene a continuación. 

¿Cuál es el siguiente paso, entonces?

En ese contexto de calma y serenidad, y teniendo en cuenta que a esta edad, entre 0 y 3 años, los niños tienen una curiosidad innata para conocer y aprender, empezamos a introducir diferentes propuestas, contemplando los distintos momentos evolutivos de los alumnos. Para ello, organizamos  diferentes espacios con actividades como juego simbólico, arte, construcción, descanso, cuentos… para que cada alumno pueda decidir dónde quiere ir, según su propio interés. 

¿Estas propuestas siguen un criterio de selección? 

Sí, las proponemos tras analizar a los alumnos y observar en qué momento evolutivo está cada uno de ellos. A partir de allí les ofrecemos unas propuestas concretas que van variando según sus intereses. Y, si vemos que una propuesta por ejemplo de rincón de muñecas o médicos pierde interés, la cambiamos. Es un trabajo de observar mucho a los niños, de conocerlos… 

Y esto es posible gracias al formato de nuestra escuela… 

Sin duda, porque esta atención tan personalizada tanto a nivel de alumnos como de familias, se debe a que no tenemos unos ratios excesivamente amplios y que somos muchos referentes adultos por niño. En cada curso somos dos educadoras -una de ellas es original de Estados Unidos y, por lo tanto de habla inglesa- por lo que reciben mucha atención y sus necesidades siempre están bien cubiertas. Con las familias también desarrollamos un vínculo cercano e intentamos que la comunicación sea diaria, almenos una vez al día a la entrada o salida del colegio. Lo hacemos siempre, pero de forma más intensa durante la adaptación porque entendemos que es una tarea conjunta. Es importante saber cómo el alumno está actuando en casa durante los primeros días del curso para poderle atender de la mejor manera posible, ya que tenemos recursos para ello. 

¿Qué más trabajaréis en la Llar en este primer trimestre? 

Además de preparar y celebrar momentos señalados en el calendario como la Castañada y la Navidad, este primer trimestre valoramos mucho la libertad de movimiento. Para ello, estamos en el patio el máximo tiempo posible y en el aula les preparamos también diferentes espacios con retos motrices a partir, por ejemplo, de nuestro material de motricidad del método Pikler. En la línea de Montessori de facilitar el movimiento para desarrollar la inteligencia, nuestro mobiliario permite que el niño pueda explorar con autonomía y darse cuenta por sí mismo de las capacidades y limitaciones de su propio cuerpo. Además, trabajamos la música con un especialista, la motricidad fina con elementos característicos del otoño entre otros, momentos de calma con sesiones de relax con música clásica… y muchas cosas más, que os iremos compartiendo, sobre este fantástico curso que tenemos por delante.