La primera escuela con cubierta verde

El curso 2019-20 nos hemos convertido en la primera escuela con una cubierta verde. Un terrado ecológico de 400 m2 en lo alto de nuestro edificio del Eixample, donde los alumnos hacen ahora también clase al aire libre. Y, más allá de ser una extensión de las aulas y laboratorios de la escuela, la cubierta verde nos da la posibilidad de ofrecer a los alumnos aprendizajes nuevos, diferentes y muy actuales. Unas lecciones de futuro alineadas con el momento en que vivimos y muy significativas de cara al mundo que les espera.

La reconversión de un antiguo terrado en desuso en una cubierta verde que contribuye a mejorar la biodiversidad urbana, absorbe la polución y genera el efecto de isla de calor ha sido un proyecto ambicioso y muy motivador. Como siempre, el motor de esta ilusión han sido los alumnos y la oportunidad de poder ofrecer la posibilidad de integrar la naturaleza en su actividad académica diaria.

Respetando su estructura original, formada por diferentes terrazas escalonadas, rediseñamos el espacio como un muestrario de los diferentes contenidos que puede haber en una cubierta verde. De este modo, multiplicábamos la variedad de aprendizajes, metodologías y técnicas que nuestros alumnos pueden experimentar. De hecho, ellos han estado involucrados en el proyecto desde el primer día y todos los cursos desde P3 hasta 2º de bachillerato se encargaron de plantar las 250 plantas que la cubren, y de sembrar el huerto tradicional y el hidropónico.

Entender el funcionamiento del cultivo hidropónico, que riega las raíces con un agua rica en nutrientes a base de una composición química, es una de las prácticas curriculares que los profesores de la escuela están introduciendo en la cubierta, con la ayuda y orientación de especialistas. Otros ejemplos son el taller que hicieron los alumnos de la Llar d’Infants durante la Semana de la Ciencia de plantas aromáticas y medicinales (tomillo, romero, mejorana, orégano, abrótano hembra, etc.) para estimular sentidos como el olfato, la vista y el tacto.

También los “ambientes” que P3, P4 y P5 hacen tres tardes por semana, y que van desde la siembra hasta la recolección de las diferentes variedades del huerto tradicional, tales como lechugas, escarolas, coles, acelgas, espinacas, zanahorias, hinojos, cebolletas, puerros, ajos y habas. Además, estos alumnos de parvulario han aprendido a controlar que todo esté bien y siga su ciclo, por ejemplo observando con lupas que en las hojas no haya pulgón o algún otro invasor natural, como los huevos de mariposa.

Los alumnos de primaria también participan en el ciclo de sembrar y recolectar la cosecha ecológica de los dos sistemas de cultivo. Además, ya han aprendido que la producción de los huertos puede aumentar hasta un 20% gracias al hotel de insectos, uno de los grandes reclamos de nuestra cubierta verde. Se alojan, principalmente, polinizadores (avispas, mariposas, abejas y abejorros), depredadores de pulgón (crisopa, mariquita y tijeretas) y otros insectos que comen insectos que también son malos para el huerto (araña, escarabajo, ciempiés).

Los alumnos de ESO y Bachillerato se encargan sobre todo de la cosecha del huerto hidropónico, ya que arrancarla de los sacos de perlita requiere más precisión, y utilizan toda la extensión de la cubierta para diferentes aprendizajes. En el huerto tradicional han plantado guisantes para experimentar las leyes de Mendel, sobre la herencia genética y el ADN, que estudian en Biología, siguiendo el mismo método científico que el propio Mendel. En Física, en la llamada zona de sostenibilidad y a partir de una aplicación informática, han analizado la producción diaria de electricidad que generan las células fotovoltaicas de la cubierta. En Matemáticas, y gracias a los prismáticos de precisión, han aprendido trigonometría, a trabajar la orientación espacial y el tratamiento de datos mediante la estadística.

Otra gran plataforma de aprendizaje dentro del perímetro de la cubierta verde es la estación meteorológica. A partir de ella, los alumnos han aprendido a medir los fenómenos de inversión térmica, la presión atmosférica, la evapotranspiración, el volumen de lluvia en relación al tiempo, la intensidad de la radiación UVA y UVB, etc. Unas prácticas que, además de ser útiles para el proceso de aprendizaje de los alumnos, permiten que con estos datos la escuela esté contribuyendo de forma activa a la ciencia ciudadana y así escalar el aprendizaje en beneficio de la sostenibilidad y el medio ambiente.

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