Las tardes de parvulario en contacto con la naturaleza

Al menos una tarde a la semana, los alumnos de nuestro parvulario gozan de algo increíble, que hasta hace poco no sólo no teníamos en la escuela sinó que no nos podíamos ni imaginar: la coberta verda. Un espacio de 400 metros cuadrados en la azotea del edificio en el que los alumnos aprenden, juegan y experimentan en contacto directo con la naturaleza. 

Cada curso -P3, P4 y P5- sube una tarde a realizar actividades creativas, de experimentación y a partir de la Cultura de Pensamiento. De todas ellas, la que más les gusta es la misión que se les ha asignado de ayudar en el mantenimiento de la coberta, tanto de los parterres del huerto tradicional como los de las flores y plantas aromáticas. Les divierte esta parte porque se sienten agricultores, granjeros y jardineros, y entienden que su participación es necesaria para que las hojas de los vegetales crezcan bien. Para ello todos se implican y cooperan en las tareas de regar, limpiar, podar, sacar las malas hierbas, controlar con sus lupas que ens las hojas no haya pulgón… 

Además de poder vivenciar todo el proceso, como en toda cosecha tienen el premio de la recolecta y se llevan a casa los vegetales que han aprendido a arrancar con cuidado y controlando su habilidad y su fuerza. De esta forma trabajan la experimentación en primera persona, que es algo que en parvulario se considera la primera fuente de información del entorno.

La coberta y sus elementos son también gran una fuente de inspiración, que nos invita a todos -no sólo a los más pequeños- a dar rienda suelta a la creatividad y espontaneidad, tan necesaria actualmente en un espacio seguro. Y el espacio de la coberta favorece una creatividad que en gran parte sale de los niños, que convierten el tallo de una flor en un pincel o crean un collage con diferentes hojas. 

Mucha de esta creatividad la plasman en el “Quadern de descoberta de la Coberta” que tiene cada alumno como una especie de diario donde apunta, dibuja y pega todo aquello que le resulta significativo, que ha descubierto observando el hotel de insectos, las plantas, verduras y hortalizas… e investigando cualquier cosa que les despierte curiosidad e interés. Con sus profesoras y compañeros plantean hipótesis y las comprueban, introduciéndose así de forma muy orgánica y natural al método científico. 

La rueda de la indagación es la rutina de pensamiento que utilizan para aprender todos los pasos del método científico y es uno de los ejemplos de como ya desde parvulario conectan la coberta con la Cultura de Pensamiento. Gracias a las rutinas, las llaves de pensamiento y los mapas, los alumnos están indagando, descubriendo complejidad y conectando mucho más con la naturaleza. 

Un ejemplo, como el que muestra las fotografías es la ‘Lluvia de ideas’ y el ‘Mapa de flujo’ que realizaron los alumnos de P4 para secuenciar el proceso que realizan las plantas para crecer, desde que se planta la semilla, a como se nutre de agua y sales minerales y cómo las abejas la polinizan.

A partir de las llaves de pensamiento se hacen las preguntas adecuadas para que fluya el aprendizaje por ejemplo, con la de causa-efecto, porqué son importantes los insectos en el proceso de diseminar el polen en las plantas. Y, para vivenciar aún más este aprendizaje y asociarlo entonces a una emoción positiva gracias al juego, surgió improvisadamente la idea de que los alumnos se imaginaran que eran abejas que iban por todas las terrazas de la coberta, regalando polen y néctar a las distintas flores.